Hasta el domingo 13 de marzo, más de 2.500 personas disfrutarán con el buffet más impresionante de unas jornadas gastronómicas
¿A usted le gusta la cocina de caza? En caso afirmativo, resulta imprescindible que acuda o regrese a las XIV Jornadas gastronómicas de la caza que organiza el Hotel Santemar hasta el próximo domingo 13 de marzo. Si su respuesta fuera negativa, un consejo: no rehuse la oportunidad de asistir ya que descubrirá entre los 150 platos sabores espectaculares, al tiempo que podrá disfrutar con una puesta en escena única, con un buffet que no tiene parangón a nivel nacional.
Durante 10 días más de 2.500 personas pasarán por el Hotel Santemar para sentarse a la mesa y disfrutar con las elaboración que salen de una cocina en la que trabajan más de 25 personas capitaneadas por el jefe de cocina del Santemar, Diego Nicas, que cuenta con el apoyo de Serafín Herrán, segundo en cocina del Santemar y que ha participado en estas jornadas desde su primera edición, y Saúl Martínez, que llega para la ocasión desde el hotel Agumar de Madrid, perteneciente también al grupo Santos, para reforzar el equipo. A todo ello hay que sumar el equipo de sala, coordinado por el director de restauración, Ángel Izquierdo, que mueve a una veintena de personas.
Variedad y calidad
Muflón, gamo, ganso, perdiz, codornices, corzo, liebre, faisán, pato, malvises, conejo, venado, jabalí, pichones, ganso, paloma... son algunas de las especies que protagonizan estas jornadas y que se plasman en las citadas más de 150 especialidades son contar los postres. La variedad y la calidad está asegurada, al mismo tiempo que la originalidad de numerosos planteamientos que se realizan desde la cocina, novedosos incluso para el comensal más experimentado. Aquí, por un precio realmente competitivo, 55 euros con bebida, iva y postres incluidos, el asistente a estas jornadas tiene la oportunidad de conocer nuevos sabores, de descubrir nuevas técnicas y de distinguir los matices que proporcionan las distintas especies.
El buffet se organiza en primer lugar con una serie de patés, tantos como especies se trabajan en las jornadas, sin faltar un exquisito foie de pato.
A continuación están las sopas y cremas, las alubias, las fabes, las lentejas y los caricos con caza (seis diferentes) y los arroces (con setas y conejo; con perdices y verduras; con codorniz; del cazador; con pato y chorizo y con liebre y caracoles).
Otras entradas a tener en cuenta y que no pueden pasarse por alto son los carpaccios (seis tipos) y los embutidos, la menestra, los timbales y las croquetas de caza, por ejemplo.
A partir de ahí, llega el recital de elaboraciones con cada especie (entre ocho y diez de promedio). De conejo se pueden citar algunas especialidades como a la cántabra con caracoles o a la provenzal; de venado, el estofado, los escalopines, el ragut o el solomillo con tres salsas; de jabalí, la pierna a la sal –que es novedad en esta edición de las jornadas–, los solomillitos con queso picón o el ragut.
El recital de recetas y sabores continúa con el muflón, el gamo o los malvises, especies nada comunes en las cartas de los restaurantes. Otrora de moda, el faisán, bien estofado, asado, albardado o con crema, es un manjar que merece la pena probar. En este capítulo no faltan las recetas históricas como los escalopines de gamo al estilo de Felipe II.
De aves de caza, a falta de la becada que no puede comercializarse, hay especialidades de codorniz, de perdiz y de pichón. También hay pato, en magret, en confit o en ensalada; corzo, a la cazuela, asado, en escalopines o en filetes; y liebre, estofada, confitada, en salsa de vino o picante con patatas.
Postres y copa
Pero las jornadas no terminan aquí. El buffet de postres, con 15 especialidades dulces, quesos de Cantabria y una docena de helados, es una tentación insuperable aunque el apetito ya no apriete.
Y para ayudar a la digestión, y especialmente pensado para los fumadores, se ha habilitado en la primera planta, una terraza cubierta junto a un jardín japonés donde el cliente podrá disfrutar de un combinado bien preparado gracias a un escarchador de copas no menos sorprendente y espectacular que distribuye en Cantabria Servifrío.
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